El personaje de Denzel Washington funciona precisamente porque no es un héroe grandilocuente. Es un agente normal, cansado, intuitivo, y eso hace que la historia resulte más cercana incluso cuando la trama se vuelve bastante inverosímil. Hay momentos en los que aceptas lo que pasa porque emocionalmente te tiene dentro, no porque todo encaje de forma perfecta.
El villano, interpretado por Jim Caviezel, resulta inquietante por razones incómodas: ese perfil de patriota desequilibrado y fanatismo religioso mal digerido no se siente tan lejano como debería. Da mal rollo, y no por exagerado, sino por reconocible.
La atmósfera es dura, con imágenes bastante explícitas que rozan lo desagradable, y cierto contenido sexual que parece metido sin demasiada necesidad. Aun así, la idea de poder alterar el pasado para cambiar un futuro que parece cerrado deja poso. No tanto por lo que dice, sino por lo que sugiere… y por las preguntas que te llevas después, aunque la película no se atreva a responderlas.
Valoraciones en tu crítica:
Todavía no hay comentarios
Comentarios