La diferencia con otras de sus pelis como Unicorn Wars o Psiconautas es que esta vez la trama nos pilla más de cerca, porque la historia de Arnold podría ser casi la de cualquiera. Es un ratoncito que está en el paro desde hace tiempo, su pareja intenta dedicarse al mundo artístico sin demasiada suerte y uno de sus mejores amigos acaba de morir. Todo le parece un asco, pero es que lo que hay alrededor en esa ciudad no parece mucho mejor, todos parecen deprimidos y hay una megacorporación que lo controla todo, por lo que encima no tiene pinta de haber escapatoria a esa vida.
Lo que es la película nos cuenta un poco ese punto de vista de Arnold sobre cómo todo le parece tan horrible que se llega a plantear si no está viviendo una mentira, como si todo fuera una obra de teatro donde él es sólo un actor y otro controla los hilos, por lo que se juega mucho con lo que es real y lo que no, y a veces se puede volver algo retorcida o hasta confusa, aunque seguramente es lo que Alberto Vázquez buscaba, no es que sea un fallo del guión digamos.
Al final lo normal es que los que vean esta peli son los que ya conocen un poco a este director, sino igual es pilla demasiado descolocados. No es una peli de animación de las que suelen estrenarse, no es de fantasía ni hay comedia (si hay algo es humor negrisimo) ni te lo pasas bien viéndola. Es dura de ver y asimilar, pero también de las que hacen reflexionar un poco sobre la vida.
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