La película, siguiendo la estela orwelliana de títulos como 'El show de Truman' o la obvia '1984', nos traslada así hasta un panorama puramente distópico donde toda la crueldad de su mundo, dejando aquí huella en forma de precariedad laboral, trastornos emocionales y exclusión social, convive con un colorido escenario de tonos saturados, trazos suaves y entrañables animales antropomórficos. Una realidad de contrastes que avanza de forma cruda, sin paliativos, instaurada en un depresivo nihilismo que desprende, dentro de toda su rabia contenida, tanto dolor como verdad. En ese sentido, salta a la vista que 'Decorado' no es una película de animación al uso, sino más bien una afilada sátira social, mucho más siniestra de lo que su apartado visual nos deja entrever, que nos pone cara a cara frente a todos aquellos problemas ante los que, por uno u otro motivo, preferimos apartar la mirada. Cuento de hadas distorsionado de los que, lejos de incitar al sueño, invitan a abrir bien los ojos y plantearse si toda esta pantomima no es, ciertamente, un simple decorado.
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