Sí, es una adaptación de un personaje muy conocido, y sí, mezcla humor, fantasía y momentos más ligeros… pero lo que la hace especial es ese fondo más triste que va asomando poco a poco. Porque al final, Casper no deja de ser un niño que murió demasiado pronto y que está completamente solo. Y eso, aunque la película lo trate con suavidad, está ahí todo el tiempo.
Creo que Silberling encuentra un equilibrio bastante difícil: consigue que la película sea divertida y accesible, pero sin esconder del todo ese punto más melancólico. No es algo habitual en un cine pensado para niños, y por eso funciona.
Luego está todo el componente más “de aventura”: la mansión, el tema del tesoro, los fantasmas… que es lo que hace que la historia avance, aunque siendo sinceros, esa parte es bastante simple y a veces un poco secundaria frente a todo lo demás.
El reparto ayuda mucho a que todo encaje. Christina Ricci está genial, muy natural, y sostiene muy bien la parte emocional de la historia. Bill Pullman le da ese punto entre cómico y cercano que equilibra el tono, y los tíos de Casper aportan el caos necesario para que la película no se vuelva demasiado seria.
Y luego están los efectos, que para la época eran una pasada y, sorprendentemente, siguen funcionando muy bien. Casper no solo está bien hecho, es que transmite. Tiene expresividad, y eso es clave para que te creas todo lo que le pasa. Además, la película deja pequeños detalles muy de su época, como los cameos inesperados (por ejemplo Dan Aykroyd apareciendo como cazafantasmas) que le dan un toque muy divertido.
También hay cosas que se te quedan grabadas, como la mansión (con ese aire entre gótico y fantasioso) o la música de James Horner, que refuerza mucho ese tono entre mágico y triste que tiene toda la película.
Obviamente no todo es perfecto. El guion es bastante sencillo, hay cosas que pasan sin demasiada explicación y la historia del tesoro no tiene demasiado peso real. Pero tampoco creo que sea lo importante aquí.
En mi caso, es una película que marcó mi infancia. La vi mil veces, y al volver a verla ahora, sigue teniendo ese algo. No tanto por lo que cuenta, sino por cómo mezcla emociones: es divertida, pero también tiene ese punto triste que se te queda. Y sí, Casper es exactamente ese tipo de personaje que querías como amigo.
“Casper” es de esas películas que han marcado a toda una generación. Y que todos los niños deberían seguir viendo.
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