La película es tan grotesca y delirante que uno podría pensar que, en el fondo, pretende ridiculizar el wokismo y sus delirios, pero no os hagáis ilusiones: la mente podrida y sectaria de los fanáticos de izquierda es totalmente capaz de vomitar semejante excremento y encima creerse que han hecho una obra maestra.
Quiero dedicar unas palabras especiales a los descerebrados que consideran que esto merece más de un 5 sobre 10. Sois exactamente el ejemplo perfecto de lo que ocurre cuando la ideología reemplaza a la inteligencia y la dignidad. Buscad ayuda urgente, aunque probablemente la única solución piadosa para vuestra existencia sea la eutanasia o una lobotomía inmediata.
Y a todos esos pusilánimes que han arrastrado sus miserables cuerpos a ver esta bazofia por complacer a alguna mujer, os recomiendo empezar a meteros testosterona como si fuera agua bendita. Si no lo hacéis, pronto os confundirán con un travesti barato a medio transformar, llorando en un callejón oscuro mientras recitáis mantras feministas y aplaudís cualquier degeneración que os impongan.
Esta película no solo es un insulto al cine, es una declaración de guerra contra la inteligencia, la coherencia y la masculinidad. Un monumento a la castración mental y espiritual. Si la habéis disfrutado, enhorabuena: sois la prueba viviente de que el Darwinismo inverso existe.
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