Crítica de 13 Cámaras por crique
Durante demasiado tiempo la película se centra por completo en sus problemas matrimoniales, ocupando la mayor parte del tiempo, con el marido tratando de ser amable con su esposa y a la vez engañándola con su amante, y de vez en cuando se ve al casero mirando lascivamente a la esposa mientras se ducha o se dedica a sus tareas.
Después de más de una hora de película, el espeluznante casero se convierte en un psicópata y, de repente, nada de lo que ha ocurrido antes tiene significado alguno. Todo el engaño, las llamadas telefónicas nocturnas, las amenazas de la amante y los enfrentamientos con lágrimas, todo pasa a un segundo plano.
Todo es una distracción, un relleno hasta el desconcertante remate final, que supongo continuará en la secuela titulada “14 cámaras”.
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