Críticas de La quimera

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Todos tenemos una quimera, algo que deseamos hacer, tener, pero que nunca encontramos. Para la banda de 'tombaroli', los ladrones de antiguas tumbas y de yacimientos arqueológicos, la quimera es soñar con dejar de trabajar y hacerse ricos sin esfuerzo. Para Arthur, la quimera se parece a Benjamina, la mujer a la que perdió. Con tal de encontrarla, Arthur se enfrentará a lo invisible, indagará por todas partes, penetrará en la tierra, decidido a encontrar la puerta que lleva al Más Allá de que hablan los mitos. En su osado recorrido entre vivos y muertos, bosques y ciudades, fiestas y soledades, los destinos de los personajes se cruzan, todos en busca de su quimera.

2023
131 min
Drama Fantasía Comedia

RESEÑAS Y VALORACIONES DE La quimera

5 / 10
Ojala hubiese entrado en la obra como parece que ha hecho otra gente, porque lo que cuenta me interesa, toda esta trama de espolio de antiguadades para venderla a ricos y querer hacerse rico con ellos. No se si es por la historia de amor que cuenta o por todo el tema de ese grupo de nomadas que conoce el protagonista, pero no he llegado a conectar tanto como me la habian vendido

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7.5 / 10
Intentar recuperar lo que has perdido, lo que amabas y ya no está, lo que daba forma a tu ser y ya no existe, es una quimera. Es la propia vida escapándose entre tus dedos como el agua que baña tus manos en el río más frío, porque la vida es la esperanza que se rebela constantemente contra la muerte. La vida es lo que nos dan cuando nacemos, pero quizá es el amor lo que le proporciona sentido a este peregrinaje donde el más allá es tan sólo una frontera casi difusa, como si Orfeo y Eurídice nunca se hubiesen separado, como si aquellos que amamos jamás se hubiesen marchado.
De la directora de ‘Lazzaro felice’, Alice Rohrwacher ofrece en ‘La quimera’ un relato onírico en el que la realidad y la fabulación se confunden constantemente en una suerte de evasión, de escape y de anhelar lo perdido. Arthur es un hombre con el pasado a cuestas, camina encorvado porque el peso apenas le deja respirar, siente el ansia en cada parte de su ser. Un deseo tan primigenio como la misma humanidad, el ansia de su amor perdido; Beniamina. Poco conocemos de Beniamina, salvo que es el eco que resuena en cada uno de los pasos de Arthur, que cada exhalación que produce le pertenece a ella y que la busca en todo cuanto hace. Arthur se gana la vida saqueando tumbas etruscas con un variopinto grupo de amigos que planean hacerse ricos a costa de vender los tesoros de los muertos. Una especie de ruptura temporal, como si el más allá pudiese ser alcanzado con los dedos y ser profanado. Durante estas excavaciones arqueológicas que no dejan de suponer una forma de intentar retener el pasado, el grupo encuentra un santuario en las profundidades de la tierra con una diosa en él. Creen haber encontrado el billete dorado hacia la opulencia, pero Arthur no puede apartar los ojos de ella… “No está hecha para los ojos de los hombres”, le dice Italia, el personaje que aporta el contrapunto de realidad necesaria ante tanto delirio. Las cosas se complican y el grupo se separa, dejando a Arthur a la deriva entre la fina línea entre la esperanza y la ensoñación.

Estamos pues ante una película de ilusiones, de miseria, de luces que lo atraviesan todo, de pérdida y melancolía. Una película que nos regala una historia extraña en la que a lo mejor Orfeo nunca perdió a Eurídice y Arthur pudo al fin alcanzar a su diosa etrusca a través de una oscuridad propia del infierno de Dante. A lo mejor las quimeras son lo único que nos mantienen con vida y son el lugar al que pertenecemos cuando todo se hace demasiado difícil de soportar.

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