Críticas de Las bicicletas son para el verano

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En el verano de 1936 estalla la Guerra Civil. En la ciudad de Madrid, la familia formada por don Luis, su esposa Dolores y sus hijos, Manolita y Luisito, comparten la cotidianidad de la guerra con la criada y los vecinos de la finca. Luisito, a pesar de haber sido suspendido, quiere que su padre le compre una bicicleta. Pero la situación va a obligar a postergar la compra. Y el retraso, como la propia guerra, durará mucho más de lo esperado.

1984
103 min
Drama

RESEÑAS Y VALORACIONES DE Las bicicletas son para el verano

8 / 10
'Las bicicletas son para el verano' es un gran fresco del Madrid corriente y común durante la Guerra Civil, alejada de los campos de batalla pero no de las secuelas del conflicto. Puntúa extra por el afilado humor que dota a la trama de grandes momentos. Muy buena.

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Si hay algo que en España tenemos de sobra, aparte de bares y políticos, son películas sobre la Guerra Civil y, quizás por eso, hemos llegado a un punto en el que resulta realmente complicado encontrar algo que llame la atención dentro de dicha temática. Por suerte, siempre hay hueco para producciones interesantes como la que firmaba Jaime Chávarri a principios de los 80 con 'Las bicicletas son para el verano', la adaptación de la obra teatral homónima de Fernando Fernán Gómez donde la guerra, símbolo inequívoco de lo peor del ser humano, se retrataba desde el día a día de una familia cualquiera de clase media. Lo curioso es que el conflicto ni siquiera llega a alcanzarles de manera directa —de hecho, no hay ninguna escena bélica en toda la película—, pero sus terribles consecuencias no tardarán en sacudir al núcleo familiar al tiempo que irán destrozando todos sus sueños, esperanzas e ilusiones.

Al principio la trama se centra en Luisito —encarnado por un jovencísimo Gabino Diego—, un niño como cualquier otro que, ajeno a la verdadera dimensión de la incierta etapa que estaba atravesando España, se pasa el día dándole la brasa a su padre para que le compre una bicicleta, pero eso solo es la excusa para que la película, sin adscribirse a ninguna ideología ni posicionarse políticamente en ningún momento, retrate el cómo la guerra afectó a la cotidianidad de millones de personas cuyas vidas nunca volvieron a ser las mismas. El conflicto bélico acaba reducido a tan solo un decorado sobre el que el director, respetando al máximo la esencia de la obra original, va esbozando un melancólico drama familiar con ciertas pinceladas de humor que sirven, de algún modo, para aligerar un poco la crudeza de los hechos relatados. No hay violencia, sangre ni moraleja que valga; es, tan solo, el triste reflejo de todas aquellas generaciones que jamás recuperaron su antigua normalidad. Los medios anunciaban que la guerra había acabado en victoria y, sin embargo, la sensación entre el pueblo era de que, en realidad, se había perdido demasiado.

"Sabe Dios cuándo habrá otro verano".

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