Críticas de Una noche en la ópera

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Los Hermanos Marx en la alta sociedad. A dos amantes que actúan en la ópera se les impide estar juntos porque no aceptan al hombre como tenor. Utilizando varios trucos típicos de los Hermanos Marx, logran que el tenor principal se ausente, y de esta manera el joven amante tendrá su oportunidad.

1935
91 min
Comedia Música

RESEÑAS Y VALORACIONES DE Una noche en la ópera

9 / 10
Una noche en la ópera es un clásico no sólo de la comedia americana sino del género de la comedia cinematográfica en general.
Cuenta este filme protagonizado por los hermanos Marx con escenas míticas como la del camarote (de los hermanos Marx) o el que sigo pensando que es uno de los mejores diálogos que se ha escuchado en comedia alguna y que empieza así "la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. ¿Qué tal, está muy bien, eh?
– No, eso no está bien. Quisiera volver a oírlo.
– Dice que…"

Yo sin duda que te la recomiendo no sólo porque sea un clásico, lo cual está bien, sino porque es muy divertida, lo cual está aun mejor.

Valoraciones en tu crítica:

Una de las mejores películas de los Hermanos Marx, con escenas memorables que han pasado a la historia, como el famoso camarote de los hermanos Marx.

Valoraciones en tu crítica:

10 / 10
Hablar de "Una noche en la ópera" es entrar de lleno en uno de los momentos más brillantes del cine cómico clásico. Esta joya de los Marx Brothers no solo representa su estilo en estado puro, sino que también demuestra hasta qué punto su humor ha influido en la comedia posterior. Es un tipo de cine muy distinto al actual, sí, pero sorprende lo moderno que sigue resultando en su ritmo, su irreverencia y su capacidad para hacer reír sin descanso.

Este fin de semana que podría titularse "Varias tardes de cine en el sofá" rodeada de gente, entre risas que iban y venían sin parar. Tardes que comienzan tarde (pensando que no había plan) y se alargan sin darte cuenta, con comentarios, bromas... Y mientras pensaba: ya no sé ni cuántas veces he visto esta película y siempre termino igual, con dolor de mandíbula. Tenía la crítica hecha desde hace tiempo, pero hoy me apetecía recuperarla con un pequeño homenaje a todas esas personas con las que comparto cine, dentro y fuera de esta página, risas y momentos que hacen la vida mucho más ligera, mucho más bonita. Y también, porque hay películas que siempre llevan a alguien dentro, en mi caso, a mi madre.

Y es que encaja perfectamente con ese ambiente de la película: parece que todo va a su aire, como si no siguiera ninguna norma, y sin embargo ahí está la magia. Desde el primer momento, el caos se impone con una naturalidad pasmosa. Groucho Marx dispara sus réplicas con esa mezcla de descaro y elegancia que lo hace único, especialmente cuando se cruza con Margaret Dumont, que aguanta estoicamente cada embestida verbal. Mientras tanto, Harpo Marx convierte cualquier gesto en un gag y Chico Marx aparece siempre en el momento justo, con esa picardía tan suya. No paran, literalmente no paran: es una sucesión constante de ocurrencias, chistes, juegos de palabras… y todo entra con una facilidad asombrosa.

Y de pronto llega esa escena del camarote, en el transatlántico, que es directamente historia del cine. Empieza como una tontería (una cabina pequeña, una maleta demasiado grande) y acaba siendo un delirio absoluto. Gente entrando y saliendo sin parar, personajes que no pintan nada pero que se suman al caos, encargos absurdos… y ese “¡y también dos huevos duros!” que aparece como un gag recurrente. Lo increíble no es solo la idea, sino cómo la estiran, cómo la exprimen hasta el límite sin que pierda gracia. Es puro ritmo, pura locura perfectamente medida.

La historia casi da igual, y eso es parte del encanto. Hay una trama con rivalidades en el mundo de la ópera, un tenor engreído, una pareja que intenta abrirse camino y todo ese viaje hacia Nueva York. Pero todo eso funciona más bien como una excusa, una especie de hilo del que colgar los gags. Y cuando parece que todo ya no puede dar más de sí, llega el final con "El trovador" de Giuseppe Verdi, donde el disparate termina invadiéndolo todo. La ópera, ese espacio tan serio y tan solemne, acaba completamente dinamitado.

Sam Wood consigue que todo esto tenga forma. No frena a los hermanos Marx (menos mal), pero sí logra que todo ese desmadre funcione (y de qué manera, porque consigue desencajar las mandíbulas a los espectadores). Incluso los números musicales, que podrían cortar el ritmo, aquí se dejan ver sin molestar demasiado, casi como si formaran parte natural del conjunto.

Al terminar, lo que queda es esa sensación de haber pasado por algo totalmente desatado pero increíblemente preciso. Una comedia que se ríe de todo: de la alta sociedad, de la ópera, de las normas… de todo. Y lo hace con una alegría contagiosa. "Una noche en la ópera" no es solo un clásico, es de esas películas que siguen vivas porque entienden algo muy básico: hacer reír, sin más, pero hacerlo de verdad.

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0 10 8.5 77