Crítica de The Equalizer por BlackSwan
Hay un equilibrio curioso entre lo doméstico y lo contundente. La parte familiar no está puesta por cumplir, sino que pesa, condiciona y a ratos incomoda. El desarrollo de la hija se siente creíble y no forzado; su evolución responde a lo que vive, no a una agenda de guion, y eso suma. En ese sentido, resulta fácil empatizar con ella, incluso cuando toma caminos que no son los más cómodos.
El reparto acompaña con solvencia. Tory Kittles destaca con presencia y carisma, y el dúo que forman Adam Goldberg y Liza Lapira tiene química natural, de la que no se fabrica. La protagonista aguanta el tipo y convence más por constancia que por fuegos artificiales. Donde la cosa flojea, al menos para mí, es en el personaje de Viola: cada aparición corta el ritmo, frena la diversión y carga la narrativa con un tono aguafiestas que termina cansando. No es una cuestión de interpretación, sino de cómo está escrito y utilizado.
No todo es brillante ni pretende ser profundo, pero cumple cuando buscas acción directa, personajes reconocibles y un rato entretenido sin exigencias. Tiene altibajos, decisiones discutibles y algún lastre claro, pero también momentos que enganchan y te hacen seguir un episodio más, aunque sea por inercia… y a veces, con eso basta.
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