Redactada: 2024-10-28
La ficción de esta serie no es de esa que pida atención milimétrica ni ganas de diseccionarlo todo. Más bien invita a sentarte, apagar un poco el cerebro y dejarte llevar por la acción. Y, sinceramente, a veces eso se agradece. Los casos funcionan, los personajes secundarios sostienen bien cada episodio y no hay miedo a tomar decisiones que sacuden el tablero, algo que le da cierta frescura dentro de lo previsible.

Hay un equilibrio curioso entre lo doméstico y lo contundente. La parte familiar no está puesta por cumplir, sino que pesa, condiciona y a ratos incomoda. El desarrollo de la hija se siente creíble y no forzado; su evolución responde a lo que vive, no a una agenda de guion, y eso suma. En ese sentido, resulta fácil empatizar con ella, incluso cuando toma caminos que no son los más cómodos.

El reparto acompaña con solvencia. Tory Kittles destaca con presencia y carisma, y el dúo que forman Adam Goldberg y Liza Lapira tiene química natural, de la que no se fabrica. La protagonista aguanta el tipo y convence más por constancia que por fuegos artificiales. Donde la cosa flojea, al menos para mí, es en el personaje de Viola: cada aparición corta el ritmo, frena la diversión y carga la narrativa con un tono aguafiestas que termina cansando. No es una cuestión de interpretación, sino de cómo está escrito y utilizado.

No todo es brillante ni pretende ser profundo, pero cumple cuando buscas acción directa, personajes reconocibles y un rato entretenido sin exigencias. Tiene altibajos, decisiones discutibles y algún lastre claro, pero también momentos que enganchan y te hacen seguir un episodio más, aunque sea por inercia… y a veces, con eso basta.
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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Efectos
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Ritmo
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Entretenimiento
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Fotografía
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Dirección
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