Genndy Tartakovsky, fiel a su estilo de trazos gruesos y angulosos, nos adentra así en un mundo donde la brutalidad más descarnada, como única vía posible, se contrapone con toda la sensibilidad que desprenden sus personajes. La violencia, cuando irrumpe, lo hace desde luego sin concesiones, entre huesos que crujen y sangre que salpica, pero, lejos de percibirse como algo puramente gratuito, lo hace como parte de un ecosistema en el que sobrevivir implica, inevitablemente, arrebatar la vida al contrario. Frente a ello, los momentos de calma adquieren un peso especial; casi como pequeños oasis emocionales que permiten que el vínculo entre Spear y Fang, mucho más profundo de lo que a priori cabría esperar, navegue hacia nuevos e insospechados horizontes. Tanto como para que la serie, sobre todo en su tercera temporada, se atreva incluso a cambiar las reglas del juego, introducir nuevos conflictos y explorar diferentes posibilidades sin perder por ello su identidad, aunque, eso sí, tomando también algunos riesgos en el proceso. 'Primal', en cualquier caso, sigue revelándose ya no solo como una de las propuestas más intensas, creativas y únicas que nos ha dejado la animación reciente, sino también como la más cercana a ese sueño infantil —y no tan infantil— que implicaba el poder subirnos, al fin, a lomos de nuestro propio y querido T-Rex.
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