Crítica de Mrs. America por gjulo

Redactada: 2023-04-28
Madre de seis hijos, esposa de un prominente hombre de Illinois, Phyllis Schlafly ha sido siempre una activista republicana, presentándose sin éxito a tres elecciones a la Cámara de Representantes en 1952, 1960 y 1970. Especialista en temas de defensa y anticomunista experimentada, se hizo famosa en la década de 1970 por su postura antifeminista. "Mrs. America" cuenta su lucha contra la Enmienda de Igualdad de Derechos, una propuesta de enmienda constitucional que reconocía la igualdad de sexos, frente a las grandes figuras feministas de la época. Un buen elenco de estrellas relata una página del feminismo estadounidense poco conocida a este lado del Atlántico: los años setenta, atrapados entre el liberalismo de la década anterior y el retorno del conservadurismo en la década siguiente. La época estuvo marcada por una causa: la ratificación de la ley de Enmienda de Igualdad de Derechos, aprobada por el Congreso en 1972 pero que requería la aprobación de tres cuartas partes de los estados norteamericanos para entrar en vigor. La batalla se libra entre dos bandos enfrentados. Por un lado, Phyllis Schlafly, impecablemente interpretada por la soberbia Cate Blanchett, con sus impecables pliegues, sus trajes y sus lavalieres con cuello y montados, y su séquito que la asisten infatigablemente donde confeccionan una papeleta que envían por correo a todos sus simpatizantes. Por otro lado, las feministas de Nueva York y Washington, terriblemente a la moda (¡ah! ¡las gafas Aviator de Rose Byrne!), que han sido entrenadas en las maniobras políticas por las batallas de los años sesenta.Dos bandos que no son tan bloque como parecen. Y la ventaja de esta serie de casi nueve horas es el tiempo que dedica a describir las discrepancias internas. Del lado de Phyllis Schlafly, el personaje interpretado por la excelente Sarah Paulson encarna las contradicciones del antifeminismo: esta ama de casa descubre en el compromiso militante la embriaguez de las responsabilidades y una autonomía que paradójicamente se niega a conceder a las mujeres. Del otro lado, es la diversidad, no siempre fácil de cohesionar, la que prevalece con la "interseccionalidad" de las luchas feministas, negras y lesbianas. Además, a diferencia del otro bando, este bando no tiene una única figura, sino varias, cada una con su propio episodio: Gloria Steinem (Rose Byrne), redactora jefe de la revista feminista Ms. B., y Shirley Chisholm (Uzo Aduba), candidata afroamericana a la nominación republicana en 1972, Betty Friedan (Tracey Ullman), feminista de avanzada edad cuya fama, adquirida una década antes con la publicación de su libro-manifiesto "La mística femenina", se desvanece, Bella Abzug (Margo Martindale), que presidió la Convención Nacional de Mujeres bajo el mandato de Carter antes de ser brutalmente destituida. La historia así contada tiene una resonancia particular en nuestro tiempo. Nos permite medir los progresos realizados en los últimos cuarenta años en la promoción de los derechos de la mujer. Pero también nos hace reflexionar sobre su fragilidad.
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