Crítica de El abogado del Lincoln por BlackSwan
El tono es ágil, sin ponerse intenso de más ni caer en lo frívolo. Cada episodio deja esa sensación de “uno más y lo dejo”, que nunca se cumple. Los giros están bien medidos, sin necesidad de fuegos artificiales, y el suspense se sostiene más por la tensión legal que por el espectáculo. Además, el reparto acompaña muy bien: nadie chirría, nadie sobra, y eso en este tipo de series no es tan habitual.
Hay algo muy cómodo en verla. No exige una atención quirúrgica, pero tampoco te trata como si fueras tonto. Avanza con buen ritmo, sabe cuándo frenar y cuándo apretar, y consigue que te impliques sin darte cuenta. Cuando termina una temporada, la sensación es clara: se hace corta. Y eso, hoy en día, ya dice bastante.
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