Crítica de …Y si no, nos enfadamos por MrPenguin
Lo curioso es que la fórmula venía a ser la misma de tantas y tantas películas de la dupla Spencer-Hill, pero con ese algo especial que siempre la ha situado, junto a 'Le llamaban Trinidad' , 'Par-Impar' o 'Quien tiene un amigo tiene un tesoro', entre las más recordadas de toda su filmografía. Momentos como el del coro, la competición de salchichas o la irrupción en la fiesta de los mafiosos, así como su ya inolvidable clímax final, serían más que suficientes para justificar dicho estatus de culto por sí solos, aunque si hay algo que de verdad sostenía a todo el conjunto, al igual que al resto de títulos de este particular tortaverso de la locura, era, por supuesto, la inigualable complicidad que mantenían sus dos protagonistas. La dinámica del gruñón despreocupado y el pícaro deslenguado, eje central de cualquiera de sus buddy movies, seguía siendo la misma de siempre, solo que lo suficientemente pulida como para que el hecho de regresar de nuevo a la película, como a cualquier reunión de viejos amigos, no signifique el encontrarnos con algo especialmente novedoso, sino con todo aquello que, entre el cariño y la nostalgia, nos hará pasar un buen rato. Y, en ese sentido, 'Y si no, nos enfadamos' ofrece, paradójicamente, lo contrario a lo que su título prometía: la garantía de volver a dejarnos, incluso tantos años después, con la misma sonrisa del primer día.
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