Crítica de Wicked Parte II por gjulo
Porque si algo plantea esta segunda parte es dejar de disimular. Oz ya no es solo ese mundo colorido y exagerado, sino un sistema cada vez más cerrado, donde la propaganda, la manipulación y la necesidad de construir enemigos empiezan a ocupar el centro del relato. La lectura política está ahí y resulta interesante, aunque no siempre se desarrolle con toda la fuerza que podría.
Elphaba y Glinda siguen siendo el eje de todo, pero ya no están en el mismo punto. Una ha decidido no mirar hacia otro lado, aunque eso implique quedarse completamente sola. La otra, en cambio, entiende cómo funciona ese mundo… y decide adaptarse. Ese contraste sigue siendo lo más sólido de la película, más que cualquier gran giro.
Lo interesante es que no se plantea como un conflicto simple. No hay una buena y una mala, sino decisiones, dudas y renuncias. Glinda representa esa comodidad de encajar, de no cuestionar demasiado si el sistema te beneficia. Elphaba, por el contrario, se convierte en alguien incómodo, en una figura que el propio sistema necesita convertir en amenaza.
En ese contexto, la película juega con bastante inteligencia con el imaginario de “El mago de Oz”. Dorothy y sus compañeros aparecen casi como figuras de fondo, integrados en un relato más grande que los utiliza. Es una idea potente, aunque se queda algo en segundo plano.
A nivel emocional, todo sigue pasando por la relación entre las dos protagonistas. Cada encuentro y cada separación suman, aunque ya no sorprenden tanto como en la primera parte. El triángulo amoroso añade tensión, pero el núcleo sigue siendo ese vínculo que se va desgastando poco a poco.
Las canciones acompañan bien el recorrido, pero aquí se nota más la irregularidad. Hay momentos que funcionan, pero en conjunto se echa en falta algún tema realmente memorable.
En lo visual, la película mantiene el nivel: decorados enormes, vestuario muy trabajado y un estilo reconocible. A veces puede resultar algo excesivo, pero encaja con el tono general.
Y, de nuevo, las interpretaciones sostienen gran parte del conjunto. Cynthia Erivo aporta solidez al arco de Elphaba, mientras Ariana Grande sigue funcionando muy bien en ese equilibrio entre lo ligero y lo incómodo.
Puede que esta segunda parte no tenga el mismo efecto sorpresa ni la misma frescura, y que a nivel musical se quede un poco por debajo, pero sí deja ideas interesantes y un enfoque más claro.
Porque si la primera hablaba de cómo nace una historia, esta habla de cómo se manipula… y de lo fácil que es acabar creyéndola.
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