Crítica de Una noche fuera de control por gjulo
Añade una buena dosis de porquería donde predomine el tema sexo-droga. Precalentaron el horno. Prepararon su ingrediente principal, Scarlett Johansson, despellejala de todo su talento, añade una buena dosis de muecas faciales y "no te preocupes, todo el mundo verá que te importa nada y menos estar ahí, pero ya se te pasará" y ponla en en el plato.
Corta en tiras finas todas las situaciones grotescas que los guionistas empapados de alcohol de garrafón han ideado para estirar la película a lo largo de 1 hora y 30 minutos (con un condimento más particular de setas alucinógenas en la trama del prometido).
Colocar la mezcla en el molde del conformismo de las comedias estadounidenses sin sentido cuya construcción está en más de un conflicto con el término "sorpresa".
Quemarlo todo a 1200 grados.
Dale al conjunto un poco de sabor de cocido con una pizca de Zoë Kravitz (le quita el sabor rancio de Johansson) y una o dos ocurrencias que aún te hagan sonreír (un "Como le dije a Rob Lowe, si no hay cadáver, no hay asesinato" de un abogado servirá), le dará al comensal la impresión de que no ha perdido demasiado el tiempo.
Decora la creación con apariciones innecesarias de Demi Moore y Ty Burrell como pareja promiscua.
Sirva. Saboree. Vomite.
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