Redactada: 2024-12-25
Brando no interpreta a Stanley, lo encarna. Hay algo en su forma de caminar por ese apartamento diminuto, de invadir el espacio, de mirar, que resulta casi incómodo. No puedes apartar los ojos, aunque a veces quieras. Es pura presencia física, casi animal, y eso marca todo el tono.

Pero no es solo él. Kim Hunter consigue que entiendas a Stella incluso cuando no quieres entenderla. Tiene esa mezcla rara de fortaleza y fragilidad que hace que la relación con Stanley duela más, porque no es plana ni simple. Y Vivien Leigh… es un torbellino. Blanche me despierta compasión y rechazo a partes iguales. A veces la siento perdida, otras manipuladora, otras simplemente rota. No hay descanso con ella.

La dirección de Elia Kazan es asfixiante. Ese apartamento parece encogerse escena tras escena, como si las paredes también estuvieran hartas de tanta tensión. Todo es húmedo, cargado, casi sudoroso. No busca ser elegante, y eso es lo que la hace tan potente.

Se habla de deseo, de poder, de orgullo, de máscaras. De lo que somos cuando nadie nos mira y de lo que fingimos para sobrevivir. No es cómoda. Tampoco amable. Pero te remueve por dentro, y eso no lo consigue cualquiera.
Guion
0 ✮
Banda sonora
0 ✮
Interpretación
0 ✮
Efectos
0 ✮
Ritmo
0 ✮
Entretenimiento
0 ✮
Complejidad
0 ✮
Sentimiento
0 ✮
Duracion
0 ✮
Credibilidad
0 ✮
Fotografía
0 ✮
Dirección
0 ✮

Valoraciones en tu crítica:

Comentarios

Todavía no hay comentarios

Otras críticas de Un tranvía llamado deseo