Crítica de Un cadáver a los postres por MrPenguin
Concebida a la vez como homenaje y parodia hacia el género, la película irá abrazando un tono cada vez más surrealista que, aun acusando su, por momentos, marcada teatralidad, logra encajar a la perfección con su hiperbólica propuesta. Robert Moore, a partir del ingenioso guion de Neil Simon, dirige esta locura con toda la ligereza que tal historia requería, siendo consciente de que lo que realmente la sostiene no es tanto el propio misterio —algo forzado en su resolución— como sí el enorme carisma que su fantástico reparto coral, lleno de grandes nombres como Peter Sellers, Maggie Smith, Alec Guinnes o el mismísimo Truman Capote, se encargará de inyectar a tan divertido despropósito. En ese aspecto es muy posible que algunos chistes, ya muy desfasados con respecto al humor actual, resten algo de ritmo al conjunto, pero lo cierto es que la película, haciendo honor a su título en castellano, todavía conserva algo de ese aroma especial, persistente incluso después del banquete, que no hace sino poner la guinda a este peculiar, absurdo y, pese a todo, disfrutable postre cinematográfico. Quizás un flan de queso con nata habría entrado mejor, pero el buen sabor de boca, y más para amantes de los whodunits tontorrones, está más que garantizado.
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