Crítica de Tres mil años esperándote por crique
Como muchos genios, éste también concede deseos, y su florida historia de anhelo da título a la película.
Él es el deseo encarnado, pero como la doctora sospecha de inmediato, ser un ser de deseo no es tan placentero como podría parecer, y en su racional mente intuye que el deseo siempre es una trampa, tanto para el genio como para quien lo desea.
Durante la mayor parte de su metraje, observamos una odisea fantástica que explora el lado oscuro de la humanidad, en el contexto de una historia tras otra salpicada de sangre.
Los eficaces relatos de Elba sobre sus encuentros pasados son en general emocionantes, y Swinton, como el perspicaz erudita, ofrece interesantes comentarios sobre dichos relatos.
Cuando llega el momento supuestamente esperado, es decir, cuando llega la hora de pedir sus deseos, la historia pierde algo de impulso, y durante este último tramo se vuelve más terrenal y se desvía hacia un final cuestionable.
Me hubiese pasado horas escuchando más historias del pasado, a lo largo de diferentes siglos con más imágenes fantásticas, pero supongo que la película necesitaba un cierre de alguna manera.
Ambas interpretaciones están muy bien, dos almas perdidas que encuentran consuelo en la compañía mutua.
Es, sin duda, una historia con moraleja, pero compleja y hermosa, una fantasía romántica bellamente filmada.
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Lo que más me ha gustado: Las historias contadas por Idris, una historia dentro de otra historia siempre con el punto de vista sobre el objetivo principal.
Lo que menos me ha gustado: El final me pareció un poco apresurado, y no me satisfizo tanto como la esencia de la narrativa lo estaba preparando.
Título alternativo: Cuidado con lo que deseas.
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