Aun así, cuando empiezas a entender de qué va el viaje, la cosa cambia. Lo que parecía solo fantasía se va llenando de peso emocional. El trasfondo del trauma, del miedo que se queda dentro después de una catástrofe, está ahí todo el tiempo, aunque no siempre se diga de forma directa. Y funciona porque no se siente forzado.
Hay ideas muy extrañas, incluso una transformación que roza lo absurdo, pero curiosamente no rompen la historia. Más bien la hacen más humana, más rara, como lo son muchas veces las formas que tenemos de afrontar el dolor. No todo está igual de bien medido y se nota que arranca con dudas, pero cuando decide ir a lo emocional, ya no se suelta.
No llega tan alto como otras obras suyas, pero tiene algo honesto. Imperfecta, sensible, y con momentos que se quedan contigo más por lo que sugieren que por lo que explican.
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