Hwang Dong-hyuk maneja el relato con sobriedad, apoyándose en el buen trabajo de todo el reparto (mención especial para los niños) y sin escatimar en crudeza a la hora de mostrar el dolor de los afectados, la indefensión de las víctimas ante la corrupción del poder y la pasividad de los que prefieren mirar para otro lado. En ese sentido, 'Silenced' no deja títere con cabeza y no se limita solo a denunciar la existencia de los abusos a menores, sino que va más allá para lanzar una dura crítica al sistema legislativo surcoreano así como a toda la burocracia y a ciertas instituciones, tanto educativas como religiosas, que a veces parecen estar diseñadas para proteger a unos pocos. Una triste realidad en la que 'Silenced' se erige como un ejercicio cinematográfico tan demoledor como necesario, no solo por exponer las atrocidades cometidas por unos cuantos depravados y la hipocresía de una sociedad movida por intereses, sino, sobre todo, por dar voz a aquellos que más lo necesitan.
"La razón por la que luchamos tanto no es para cambiar el mundo, sino para no dejar que el mundo nos cambie".
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