A partir de ahí, la historia mezcla conspiraciones entre clanes, artes marciales y elementos fantásticos propios del género wuxia.
Visualmente es una película muy atractiva, escenarios de época bastante logrados y una banda sonora que acompaña perfectamente la acción.
Donnie Yen vuelve a demostrar por qué sigue siendo una referencia del cine de artes marciales, tanto delante como detrás de la cámara. A sus sesenta años resulta totalmente creíble en el papel y protagoniza unas escenas de combate espectaculares.
La coreografía es muy buena, con un equilibrio muy acertado entre acrobacias, trabajo con cables, efectos visuales y artes marciales tradicionales. Los combates son largos, variados y muy creativos, sin perder nunca la sensación de claridad en la acción.
Su mayor problema está en la historia. La trama resulta confusa por momentos, con muchos personajes y explicaciones que parecen asumir que el espectador ya conoce este universo. Además, el ritmo es algo irregular: la primera mitad se toma su tiempo y entre las grandes escenas de acción hay largos tramos de drama e intrigas políticas que no siempre consiguen mantener el mismo interés.
Incluso el enfrentamiento final deja una sensación algo menos satisfactoria de lo esperado.
Aun así, termina siendo una película muy disfrutable para quienes busquen un buen espectáculo de wuxia. Puede que la historia no alcance el nivel de sus escenas de acción, pero cuando Donnie Yen entra en combate, todo lo demás pasa a un segundo plano.
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Lo que más me ha gustado: la acción, a veces puede ser exagerada, pero es uno de los encantos de este tipo de películas.
Lo que menos me ha gustado: además de algo larga, hay partes que se hacen un poco bola.
Título alternativo: El vuelo del mendigo.
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