Crítica de Rebel Ridge por Obscuritas
Ya desde el principio se ve por dónde va la cosa. Un hombre negro va en bicicleta escuchando Iron Maiden, lo único bueno de toda la película, y la policía lo echa de la carretera, lo culpan de mil historias, le quitan lo que lleva encima... Sí, es el único negro de toda la película, salvo por una mujer policía que tiene la relevancia justa y que eleva la película a ciencia ficción, porque viendo lo paletos que son todos los policías y en general todos los del pueblo, blancos muy blancos y muy corruptos, pues me lo creo más bien poco. El caso es que se cabrea y se dedica a indagar y tocar las narices a todo el que se encuentra por el camino, porque el caso de su primo no es el único, ni tampoco lo que le está pasando a él.
No pasa nada en la película, en serio, el tío es un super ex marine que parece un armario empotrado y pinta a que se va a liar a hostias con todo el mundo, pero no, es que no se carga a nadie. Es como Dobby, no mata, sólo mutila o hiere de gravedad. Parecía que al menos cuando se cargan al primo sí se iba a liar parda, a modo de venganza sangrienta, pero tampoco. Y no hablemos del final, porque vaya final, se te queda una cara que a quien le entran instintos asesinos es a ti, por la tomadura de pelo, por haberte tragado más de dos horas de puro aburrimiento para que encima termine así.
El protagonista, Aaron Pierre, que sólo está ahí porque es negro, ni más ni menos, y encima es guapísimo y tiene unos ojos que quitan el hipo, que no podemos poner a un cualquiera como imagen de la película de moda de Netflix. También tenemos a AnnaSophia Robb y a Don Johnson por ahí, para darle caché al asunto, pero ni como película de domingo por la tarde sirve, esas tienen algo más de chicha con sus secuestros y traiciones en Alemania.
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