Crítica de ¿Quién quiere casarse con un astronauta? por gjulo
A partir de ahí, la historia se mueve por los territorios más clásicos de la comedia romántica. David empieza a preguntar entre sus conocidos si alguien estaría dispuesto a acompañarle a Las Vegas y dar el “sí, quiero” de forma improvisada. Finalmente aparece Esteban, amigo de la mejor amiga de David, que acepta casi por capricho. Los dos se embarcan en el viaje y, entre fiestas, conversaciones y noches de hotel, empiezan a acercarse más de lo que ninguno esperaba.
La película recoge muchos de los códigos de las comedias románticas de los años noventa y dos mil, con referencias bastante claras a títulos como "Notting Hill", o "La boda de mi mejor amigo". Ese tono ligero, lleno de guiños al género: desde bromas cinéfilas hasta escenas más íntimas.
Como suele ocurrir en este tipo de historias, el desarrollo es bastante previsible. El flechazo entre David y Esteban llega rápido y el camino hacia el inevitable final feliz pasa por algunos obstáculos que tampoco sorprenden demasiado. Aun así, el relato mantiene un ritmo bastante ágil y apuesta claramente por el encanto desenfadado de la comedia romántica clásica.
Eso no significa que todo funcione igual de bien. La premisa es tan exagerada que por momentos resulta difícil creerla, incluso dentro de las reglas del género. Las comedias románticas nunca han sido especialmente realistas, pero aquí el punto de partida se estira hasta el límite. Tampoco el humor ni el romance alcanzan siempre la chispa que uno esperaría de una historia así.
A pesar de esas debilidades, "¿Quién quiere casarse con un astronauta?" tiene un detalle interesante: sitúa en el centro a una pareja homosexual adulta, algo que todavía no es tan habitual dentro de la comedia romántica más ligera.
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