Ahí empieza el manual de supervivencia, haciéndo las cosas típicas, pero mostrando en todo momento la dureza de los actos cotidianos y simples que tiene que llevar a cabo. Eso es un punto que se agradece, pues suele ser habitual que los fuegos prendan rápidamente o que el nuevo medio no te proporcione alguna herida por la falta de costumbre.
Poco a poco se va acomodando en la isla, y los problemas pasarán a ser otros, intentando no perder la cabeza y vencer la soledad aunque esté acordándose constantemente de la mujer que dejó en Memphis y que le da fuerzas para seguir subsistiendo.
Al final, construye una balsa con la que se hace a la mar y consigue, tras muchos apuros y alguna emotiva pérdida, que lo rescaten . Pero ahí no termina todo, porque la situación que le espera en casa, no es la que imaginaba y el rescate se vuelve un poquito agridulce.
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