Crítica de La muerte de Robin Hood por MrPenguin
El mito se transforma así en un drama profundamente introspectivo, existencial incluso, donde la aventura deja paso al drama, la violencia a la culpa y el legendario arquero de Sherwood, el otrora llamado defensor del pueblo, a una sombra que ya solo aspira a encontrar algo de paz, si es que acaso es ello posible, antes de su inevitable final. Todo cuanto rodea a su incierto peregrinaje, desde la abrumadora belleza de su fotografía hasta la triste melancolía de la banda sonora, de fuertes raíces folk, parece concebido para reforzar esa misma sensación de agotamiento que el propio protagonista, a cargo de un inmenso Hugh Jackman, arrastra consigo. Su Robin Hood compone una figura tan cansada física como emocionalmente; un vago recuerdo de la leyenda cuyo trágico devenir, como ya nos anticipa el propio título, no hace sino teñir de un pesimismo casi terminal a una historia que, como era de esperar, poco o nada tiene que ver con otras adaptaciones del personaje. No estamos por tanto, más allá de un violentísimo arranque al más puro estilo western, ante un relato de aventuras, sino ante un crudo drama personal, quizás demasiado pausado por momentos, sobre el peso del legado, el transcurso del tiempo y la historia que uno mismo, con todos sus errores y aciertos, es capaz de construir. Sobre lo que implica la muerte del hombre y, con ella, la del mito mismo que lo vio nacer.
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