Crítica de La mesita del comedor por MrPenguin
Y sí, ya sé que a estas alturas tendréis un montón de preguntas acerca de la dichosa mesita: ¿está maldita? ¿Poseída quizás? ¿Es del Ikea? Lo único que puedo decir de la mesa, más allá de que es una horterada venida de tiempos menos estilosos, es que es tan solo el pretexto del macabro juego al que Caye Casas, director y coautor del guion junto a Cristina Borobia, nos invita a participar durante poco menos de 90 tensos minutos de metraje. Para muchos no será fácil entrar en la indescriptible realidad que se nos propone, pero lo cierto es que la película, por muy incómoda que resulte casi de principio a fin, logra encontrar el punto exacto entre lo ridículo —rozando la parodia por momentos— y lo espeluznante para atraparnos en su retorcida premisa y hacernos testigos, cómplices y jueces de todo lo que veremos en pantalla. Una impredecible pesadilla salpicada de curiosos puntos de humor que engancha, perturba y encoge el estómago a partes iguales. Y todo por la mesita de las narices. Para que luego digan que el bricolaje relaja.
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