Crítica de La evaluación por gjulo
Aislados en su casa frente al mar, donde continúan investigando los beneficios de este nuevo modelo de vida, Mia y Aryaan han solicitado a las autoridades el permiso para ser padres. En este mundo, los nacimientos solo se autorizan tras un examen “riguroso” de las parejas candidatas. Durante siete días, los dos aspirantes recibirán en su hogar a la examinadora Virginia, dispuesta a poner a prueba su vocación parental hasta las últimas consecuencias.
Sobre el papel, este primer largometraje de Fleur Fortuné recuerda inevitablemente a muchas de esas obras de ciencia ficción que parecen derivar, de un modo u otro, del espíritu de “Black Mirror”, donde los problemas cotidianos de nuestra sociedad se convierten en el terreno de juego de tecnologías o sistemas futuristas que terminan revelando sus contradicciones por caminos mucho más inesperados que los de un enfoque puramente racional.
Aquí el microscopio de la ciencia ficción se posa sobre la decisión de una pareja de tener un hijo. Mia y Aryaan forman, al menos en apariencia, una relación perfecta y están convencidos de ser los candidatos ideales para obtener ese permiso dentro del rígido régimen en el que viven.
Entre su condición de seres en un mundo que lucha por sobrevivir al desastre (lo que inevitablemente plantea la duda sobre si traer un hijo al mundo no responde también a un impulso egoísta) y el control de las capacidades parentales en manos de una burocracia gubernamental que decide quién merece o no ese derecho, “La Evaluación” establece un punto de partida especialmente interesante. Un escenario lleno de contradicciones que amenaza con estallar a medida que avanza la cuenta atrás de los días que Virginia pasa en casa de la pareja.
Y es que, como elemento perturbador en la vida de un matrimonio, la evaluadora resulta ser un ejemplo de manual. Puede comportarse como una niña insoportable o como un parásito capaz de dinamitar cualquier relación sentimental. Entre pruebas cada vez más incómodas y situaciones que rozan constantemente el límite, Virginia juega con los nervios de sus anfitriones para sacar a la luz las grietas de sus aspiraciones como padres… y también de su vínculo como pareja, que ellos creían indestructible.
La película encuentra un tono muy particular, moviéndose con soltura entre la farsa y una incomodidad casi embarazosa. La historia se divierte haciendo oscilar la balanza entre ambos miembros de la pareja, alternando sus aciertos y sus inevitables fallos frente a los comportamientos de esta evaluadora que, por momentos, parece más una niña imposible que una funcionaria del sistema.
Quizá resulte algo previsible en lo que respecta a las certezas que Virginia termina haciendo saltar por los aires (sobre todo por las debilidades que aparecen en el lado masculino), pero la película sigue siendo sorprendente gracias a la imaginación retorcida con la que la evaluadora se empeña en complicarles la vida. Además, cuenta con una interpretación sencillamente excepcional de Alicia Vikander, capaz de mantener siempre en el aire la ambigüedad de su personaje, tanto para el espectador como para sus propias “víctimas”.
Más discreta en los últimos años, la actriz encuentra aquí un papel magnífico junto a los excelentes Elizabeth Olsen y Himesh Patel, que le permite moverse con total libertad entre distintas facetas del personaje y sembrar constantemente la duda sobre sus verdaderas intenciones.
Con todo, y pese a lo bien llevada que está la narración durante los días que conducen hasta el veredicto final, algunos momentos son demasiado explicativos y el último tramo se alarga más de lo que debería.
Una pena, porque incluso ahí el trío de actores ofrece escenas de gran intensidad y el rumbo pesimista que toman sus personajes podría haber dado lugar a un desenlace aún más poderoso, a la altura de la prueba a la que se enfrentan.
En cualquier caso, se trata solo de pequeños tropiezos dentro de un debut muy prometedor. Si algo deja claro esta película es que el futuro cinematográfico de Fleur Fortuné tiene brotes más que interesantes.
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