Crítica de La chica zurda por MrPenguin
Tsou, a partir de sus propias vivencias personales, opta por narrar la historia desde la perspectiva inquieta de la niña, pero permitiendo que el foco se vaya abriendo hasta que todas sus protagonistas, cada una en un momento vital completamente diferente, consigan su propio espacio dentro del relato. La cámara en constante movimiento de la directora, siempre a través de la lente de un iPhone, se irá introduciendo así, poco a poco, en ese crisol de historias entrecruzadas que conforman tan desgarradora y, pese a todo, tierna historia; ya sea a través de los esfuerzos de esa madre desesperada por llegar a fin de mes, de la carga emocional de una hija mayor que se debate entre la adolescencia interrumpida y una madurez impuesta a la fuerza o, dando nombre al título, de la entrañable candidez de esa pequeña que, sin ser todavía demasiado consciente de cómo funciona el mundo de los adultos, convertirá una absurda superstición sobre su mano izquierda, fruto de las creencias desfasadas de su abuelo, en la chispa que acabe por revelar, casi a modo de necesaria catarsis emocional, las grietas de todo el núcleo familiar. La lucha diaria de tantas y tantas mujeres sintetizada, con tanto cariño como empatía, en este íntimo retrato sobre la familia, la maternidad y la resiliencia femenina en un mundo todavía injusto pero siempre abierto, al igual que esas sórdidas calles taiwanesas bañadas en neón, a nuevos y esperanzadores destellos de luz.
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