Crítica de John Wick: Pacto de sangre por BlackSwan
La puesta en escena es una pasada. Todo está medido: la luz, los encuadres, los colores. Hay momentos que parecen cuadros elegantes interrumpidos por disparos. Esa mezcla de sofisticación y violencia me sigue sorprendiendo. Y las coreografías… qué precisión. El famoso gun-fu alcanza otro nivel. Es brutal, sí, pero también casi hipnótico.
Keanu Reeves vuelve a cargar con todo el peso y lo hace con esa presencia silenciosa que ya es marca de la casa. Me gusta que, detrás del asesino imparable, se perciba el cansancio. No es solo una máquina de matar; es alguien atrapado en algo que no termina nunca.
Además, el universo se expande y eso me enganchó mucho. Nuevas reglas, nuevos personajes, una sensación de estructura casi ceremonial dentro de ese mundo clandestino. Laurence Fishburne aporta carisma y Common tiene enfrentamientos memorables.
Quizá algunos secundarios se quedan un poco en segundo plano, pero sinceramente, con el ritmo que lleva, casi ni me importó. Todo es más intenso, más estilizado, más extremo. Y yo, mientras la veía, solo pensaba: esto no se está conteniendo en absoluto.
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