Crítica de Indiana Jones y la última cruzada por Obscuritas
Esta tercera entrega es una secuela de la primera, pero empieza como precuela, ya que conocemos a un jovencísimo Indiana Jones, interpretado por River Phoenix, y de paso nos enteramos de cuándo y por qué empezó a sentir pánico por las serpientes. Ahí ya era todo un aventurero que metía las narices donde no le llamaban y creía que las antigüedades debían estar en un museo, pero siempre ha habido gente con otros propósitos. Ya siendo el Indy que conocemos tiene una nueva misión después de conocer al que debe de ser el James Bond de marca blanca, hasta se presenta igual. Esta vez le toca ir en busca de nada menos que el Santo Grial, y de paso de su propio padre, Henry Jones senior, que está en paradero desconocido.
Volvemos a tener el mismo tono que en En busca del arca perdida, después de que El templo maldito fuera más oscura y violenta, y volvemos a tener nazis, pero lo más importante es que tenemos a Sean Connery como el entrañable doctor Jones padre, con su sombrero, su bolsa y su paraguas, y tenemos moto con sidecar y gaviotas. Y también tenemos la icónica imagen de Petra. Pero sobre todo volvemos a tener al Indy aventurero, gamberro, escéptico, divertido y entretenido, con persecuciones, maniobras imposibles, acertijos y pruebas, además de una trama de padre e hijo que funciona muy bien, sobre todo cuando se dan la réplica el uno al otro. ¿También tenemos efectos un poco durillos a la vista? Sí, aunque no se notan tanto o se pasan un poco más por alto. Y también vuelve a ponerse demasiado mística y mágica para mi gusto al final, pero ya es marca de la casa y va tocando aceptarlo, siempre estamos ante la lucha de la razón contra la fe, un profesor de arqueología buscando símbolos religiosos sin creer realmente en ellos, sólo porque "deberían estar en un museo".
Una tercera parte que tendría que haber sido la última, por lo disfrutable que es, por lo bien que habría quedado terminando por todo lo alto, pero decidieron rescatar a la saga del olvido casi veinte años después, probablemente para acercarla a una nueva generación, además de por supuesto para hacer dinero, y tiraron por tierra una buena trilogía, un buen final y un buen recuerdo. A veces es mejor que la nostalgia se quede donde pertenece, en el pasado. O en un museo.
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