Crítica de Frankenstein por gjulo
Aquí vuelve a ese territorio de forma bastante directa, y quizá por eso la película se siente tan coherente con todo lo que ha hecho antes.
La historia, en líneas generales, sigue bastante de cerca la novela de Mary Shelley, pero lo interesante no es tanto lo que cuenta como cómo lo mira. Hay un enfoque muy marcado hacia lo emocional, hacia esa relación entre creador y criatura que siempre tiene algo de herida abierta. No es solo una historia de ciencia o de ambición, es una historia sobre la incapacidad de asumir lo que uno ha hecho.
Victor Frankenstein no aparece aquí como un genio brillante sin más, sino como alguien consumido por algo mucho más oscuro. Su obsesión por vencer a la muerte no nace tanto del progreso como de un vacío que no sabe gestionar. Y eso hace que todo lo que viene después tenga un peso distinto.
Cuando aparece la criatura, la película cambia. Porque, en lugar de presentarla como una amenaza, la convierte en algo mucho más incómodo: alguien que no entiende el mundo, pero que intenta hacerlo. Hay una inocencia muy fuerte ahí, casi dolorosa, que contrasta constantemente con la violencia que recibe.
Y es ahí donde la película encuentra lo más interesante. En ese espejo entre los dos. En cómo la criatura, que debería ser “el monstruo”, acaba siendo lo más humano de la historia, mientras que su creador se va perdiendo cada vez más en algo irreconocible.
Visualmente, todo está muy cuidado. Hay una estética gótica muy marcada, muy de cuento oscuro, que funciona casi como una extensión del estado emocional de los personajes. No es solo bonito, es coherente con lo que está contando. En ese sentido, recuerda por momentos a “Crimson Peak”, aunque quizá aquí todo está un poco más contenido.
El reparto también ayuda mucho a sostener esa idea. Oscar Isaac compone un Frankenstein muy intenso, a ratos incluso excesivo, pero encaja con esa obsesión que lo define. Jacob Elordi, en cambio, sorprende bastante: consigue que la criatura tenga una presencia muy física, pero también una fragilidad constante. Y Mia Goth aporta ese punto inquietante que siempre tiene, moviéndose entre lo delicado y lo perturbador.
Aun así, hay algo que se queda un poco a medio camino. La película es muy sólida, muy coherente con lo que quiere ser, pero en algunos momentos parece contenerse justo cuando podría ir un poco más lejos. Le falta quizá ese golpe emocional final que te termine de romper del todo.
Pero incluso con eso, es difícil no ver en “Frankenstein” una de las adaptaciones más interesantes del mito en mucho tiempo. Porque más allá de lo formal o de lo fiel que sea, hay una mirada muy clara detrás.
Lo que queda no es tanto la historia que ya conocemos… sino esa sensación incómoda de que, en el fondo, el verdadero monstruo nunca fue el que parecía.
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