Redactada: 2026-09-09
No es esta la primera vez que una película de Uwe Boll crea controversia, aunque sí la primera en que no lo hace tanto por la calidad de la misma ―algo subjetivo, a fin de cuentas― como por el tema que aborda. El director alemán, amparado en esa vieja fantasía del justiciero que actúa a la vez como juez, jurado y verdugo, nos propone lo que vendría a ser una historia de acción y venganza bastante típica en su desarrollo, salvo por el hecho de haberla llevado a un terreno tan espinoso, a la par que candente, como es el de la criminalidad asociada a la inmigración. A partir de ahí, la película no se limita únicamente a cuestionar la evidente incapacidad de las instituciones a la hora de castigar ciertos delitos ―sea el perpetrador de los mismos de donde sea―, sino también a construir una visión tan deliberadamente provocadora a su alrededor, rozando incluso el discurso del odio, como para que esa lógica frustración ante el sistema acabe deformada, tristemente, en una justificación casi absoluta de la violencia. Podría argumentarse que Boll tan solo buscaba dar voz a una problemática social perfectamente entendible a día de hoy, pero resulta complicado no pensar que su forma de hacerlo, sobre todo por cómo se desarrolla la trama, no es más que mero combustible dentro de una historia concebida para generar rechazo en unos, adhesión en otros y, visto lo visto, más división que debate en la mayoría.

A título personal, y dejando de lado la polémica, ni siquiera creo necesario entrar en su lectura sociopolítica para valorar qué tal funciona 'Citizen Vigilante' como película, ya que el bueno de Uwe evidencia algo bastante más sencillo de juzgar y, al mismo tiempo, más universal: seguir dirigiendo, aun con tantos años de carrera a sus espaldas, rematadamente mal. Sorprende hasta cierto punto lo decente que resulta como thriller de acción, en parte quizás por lo extrañamente magnética que resulta su propia desmesura, pero ni aun así es posible obviar lo errático de su montaje, lo irregular de unas actuaciones que van de la absoluta inexpresividad a la sobreactuación más absoluta ―Armie Hammer en modo lechuga permanente vs. la presentadora del telediario con complejo de youtuber― o, lo más preocupante de todo, la increíble falta de intensidad que caracteriza a sus, por otra parte, genéricas escenas de acción. Que la controversia sea al final lo más llamativo, más allá de cómo se posicione cada uno al respecto, ya dice bastante de una película que ha conseguido que se hable más de ella por todo el ruido generado que, para alivio del propio Uwe, por sus discutibles virtudes cinematográficas. Cine de sobremesa para ver, alimentar discusiones en internet y olvidar.
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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Efectos
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Ritmo
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Credibilidad
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Fotografía
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Dirección
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Valoraciones en tu crítica:

Comentarios

PTG 111
Comentario de Obscuritas hace 5 dias
En modo lechuga permanente pero por lo que se comenta no es precisamente vegetariano, cof cof.
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