Lo bueno es que su fantástico montaje —ganador del Óscar correspondiente— hace que la película, pese a toda esa minuciosidad, logre ofrecer un buen ritmo que sabe ajustarse exactamente a lo que la historia necesita en cada momento. No importa si es dotando de pausa a las lacónicas intervenciones de su protagonista, el imperturbable teniente Frank Bullitt, o imponiendo adrenalina a sus ya memorables escenas de conducción; todo en 'Bullitt' está medido al milímetro. Esto también puede transmitir cierta sensación de excesiva sobriedad, aunque tampoco me cabe duda de que el objetivo era precisamente el de envolver la historia con la máxima seriedad y credibilidad posibles. En definitiva, una película directa, cruda y austera en su forma, pero también tremendamente intensa y magnética en su fondo. Todo un clásico atemporal que, desde luego, tiene bien merecida su condición de film de culto.
Valoraciones en tu crítica:
Todavía no hay comentarios
Comentarios