Con todo, podríamos considerar a 'Blade II' como una secuela bastante continuista con respecto a lo visto años atrás, pero también lo suficientemente rupturista como para que, ya desde el primer minuto, se note diferente. Más oscura, más orgánica y, todo sea dicho, más excesiva. En definitiva, más de su director. Más de ese Del Toro que, lejos de conformarse con simplemente repetir la fórmula, decidía retorcerla hasta redibujarla, ya más cercana al desfase del manga japonés que del cómic occidental, en una salvaje verbena techno-gótica donde todo lo concerniente a la historia, si bien tenía algo más de profundidad que lo visto en la primera parte, no era sino un complemento más dentro de su delirante y, al mismo tiempo, visceral ejecución como blockbuster de acción. Todo en 'Blade II' era, para bien o para mal, más extremo, grotesco y demencial, pero no por ello menos honesto a la hora de darnos nuestra buena dosis de sangre, personajes molones —antológico el duelo de chulería entre Ron Perlman y Norman Reedus— y, lo que es más importante, vampiros espachurrados de las formas más brutales y creativas posibles. Yo, desde luego, no pedía más.
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