Crítica de Bala perdida por MrPenguin

Redactada: 2026-02-02
Nunca habría imaginado que alguien como Darren Aronofsky, habiendo admitido públicamente su aversión hacia los felinos, firmaría una película coprotagonizada por un gato —y Austin Butler—, pero, al mismo tiempo, tampoco había perdido la esperanza. Y es que el director neoyorkino, tras más de dos décadas explorando el dolor, las pulsiones humanas y la autodestrucción en su forma más pura y obsesiva, da aquí un giro radical a su cine para traernos la muy sorprendente 'Caught Stealing' ('Bala perdida' en España), un trepidante thriller de acción en el que nuestro otro protagonista, Hank Thompson, será arrastrado a una divertida aunque catártica explosión de caos, violencia y descontrol por tener que cuidar, precisamente, de la adorable mascota de su vecino. Una tarea aparentemente sencilla que, sin embargo, empujará a Hank a un retorcido entramado criminal con el que Aronofsky, filmando con un tono ligero, dinámico y bastante más desenfadado de lo habitual, se quita de encima cualquier atisbo de trascendencia para lanzarse, sin ningún tipo de complejo, hacia el cine de entretenimiento más noventero y comercial. Las facturas, a fin de cuentas, no van a pagarse solas, ni siquiera para Darren.

Ambientada en la ya nostálgica Nueva York de 1998, la película discurre como una suerte de pesadilla urbana de ritmo endiablado, geniales personajes y, salvando las distancias, más cercana al Guy Ritchie de 'Lock & Stock' que a cualquier otro trabajo de Aronofsky. Es evidente, y más viniendo de 'The Whale', que apenas queda aquí nada de su estilo, pero lo cierto es que esa mirada compasiva que siempre demuestra hacia perdedores, marginados y almas errantes, a menudo más por sus propios errores que por caprichos del destino, sigue, al menos en el caso de Hank, tan presente como siempre. A su alrededor, en cambio, encontraremos un peculiar desfile de secundarios abiertamente caricaturescos —impagables Matt Smith en modo punkarra y Vincent D'Onofrio como judío ultraortodoxo— que, en realidad, no hacen sino añadir el necesario contrapunto a esa parte más humana que Bud, el gato, establecerá en su entrañable relación con Hank. Inesperados colegas de aventuras para esta curiosa buddy movie gatuna, mezcla de drama criminal y comedia negra, con la que pasar un buen rato y reivindicar, de paso, el cine palomitero menos ambicioso y disfrutón. Eso y que yo, por mi gato —y por el de cualquiera—, mato.
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