Crítica de Apartamento 7A por gjulo
“Apartamento 7A” es un thriller de terror bastante desenfadado. La dirección y la recreación de la directora Natalie Erika James son, en general, bastante pulcras. Al final, la precuela es un ejercicio bastante complicado, porque es sucesora de la película original y, por lo tanto, debe ir más lejos en ciertos aspectos de lo que iría una secuela, aunque tenga lugar antes que ella. La secuela de “La profecía” lo hace bastante bien, por poner un ejemplo reciente, pero la secuela de “El exorcista “..
El problema con “Apartamento 7A” es que el espectador ya conoce todos los misterios, la verdadera naturaleza de los Castevts, su objetivo, etcétera. Pero la película de Polanski, que en realidad tampoco era de terror, se basaba en la ambigüedad. Hasta el final, no sabemos si Rosemary está paranoica o si tiene motivos para preocuparse. Pero esta vez sí lo sabemos, y la película, aunque multiplica las referencias al original, adopta un género totalmente distinto. El onirismo increíblemente sutil de la película de Polanski -quizá las escenas oníricas más realistas jamás filmadas- da paso a las alucinaciones típicas del terror psicológico, con mucho jumpscare, aunque hay que decir que algunas de las visiones demoníacas están muy bien hechas, lo que dista mucho de ser obvio hoy en día (pero la directora ya había demostrado su habilidad con “Relic”). La película también es más francamente terrorífica, con incluso algunas escenas tensas cuando la vecina intenta asesinar a la heroína con unas tijeras, y asistimos a manifestaciones reales de magia negra (el rival herido espontáneamente, la abortista lanzada contra la pared) cuando los satanistas del original quizá no tengan más poderes que los que existen en la realidad. No hay pruebas de que el bebé sea demoníaco, ya que no son sus ojos lo que vemos, sino una inserción de los de su "padre". La ironía es que la película recuerda a veces más a un remake de “Suspiria” que a una precuela de “La semilla del diablo”, con sus secuencias coreográficas muy gráficas y, sobre todo, el destino reservado al rival de la heroína, evidentemente más suave y realista. En cierto modo, es bueno que la película no sea un calco de su modelo, aunque esto (en mi opinión) tenga más sentido en el caso de un remake o de una secuela no demasiado directa, pero aquí se trata de una precuela que tiene lugar justo antes de los acontecimientos de la película de 1968 y la diferencia de estilo es más chocante, sobre todo si uno se divierte enlazando ambas (en qué orden?, ésa es la cuestión). No obstante, me pregunto si la película no habría sido mucho más apreciada sin su conexión con una obra maestra, ya que el público a menudo lo pasa mal con las secuelas y los remakes (mientras que yo soy mucho más abierta de mente, sobre todo cuando la cineasta tiene tanto talento o más que el autor del original). La película tiene sus cualidades obvias, esas visiones acertadas que mencionábamos antes, pero también un buen reparto, con Julia Garner siempre convincente y sobre todo Dianne Wiest con su fraseo irreconocible, claramente una de las actrices más infravaloradas de Hollywood. También cabe destacar que, aunque también sea para adaptarse a nuestros tiempos, la película es un poco más feminista que la original.
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