Crítica de A todo gas: Tokyo Race por Obscuritas
Sí, en determinado momento llega a conectar con el resto de la saga, algo que en su día no sabíamos, pero entre que esa conexión es tan mínima y que la muerte de Han sale luego en otra película, de ahí la conexión, se la podían haber ahorrado por completo, sobre todo porque las siguientes películas son anteriores a esta, como precuelas, o porque ellos mismos se olvidaron de su existencia hasta que decidieron hacer la conexión.
Además ni siquiera sale ninguno de los protagonistas habituales de la saga, tan sólo vemos a Vin Diesel asomar medio segundo y justo al final, por lo que si vuelvo a ver la saga o se la recomiendo a alguien, siempre omito la tercera, para mí es como si no existiera. Encima no podrían haber elegido a un protagonista con menos carisma y que menos parezca un adolescente, porque esa es otra, se supone que es un adolescente que se mete en cosas chungas y se va a Tokyo a hacer cosas aún más chungas relacionadas con la Yakuza, y allí conoce a Han, que aquí era un desconocido pero se convertiría en un personaje habitual de la saga, cosa que no pasaría con su protagonista.
Pero bueno, como película de carreras no está mal, es lo único que tiene y de hecho tiene más que el resto de la saga porque se centra más en ello y deja de lado la acción que predomina en el resto de la saga y que, en mi opinión, es lo que venimos buscando ya quienes vemos estas películas, acción a raudales. Lo original que tiene esta película es el estilo de las carreras, añadiendo otro tipo de maniobras lejos de las ya habituales rectas.
Si la queréis ver como anécdota o algo así, pues bueno, para verla una vez y olvidarla tampoco está mal.
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