Críticas de Goku: Midnight Eye

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OVA que trata sobre un detective llamado Goku Furinji que obtiene un implante de ojo cibernético que puede controlar cualquier sistema informático. Contó con una secuela ese mismo año, "Goku II: Midnight Eye".

RESEÑAS Y VALORACIONES DE Goku: Midnight Eye

7 / 10
Sigue el entretenimiento de Kawijiri en los 80s, al mismo nivel que wicked city y demon city. Aunque la primera sigue siendo la mejor en cuanto al apartado visual, en la siguiente y esta se nota mas lo del VHS. Pareciera que las 3 forman parte del mismo universo.

Con este ritmo de una o dos películas al año era imposible que pudiera sacar una gran obra, aunque sorprende su maestría aun así.

Cuando ví "Goku" en el título, no me esperaba que se refiriera a nuestro Goku xD. Es que a decir verdad, todo el cine de Kawajiri de los 80s bebe mucho de las artes marciales, sobre todo de Bruce lee

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En 1989, y siguiendo la estela de títulos como 'Neo-Tokyo' o 'Demon City', Yoshiaki Kawajiri volvía a ponerse a los mandos de otra obra animada de tono marcadamente adulto con la no muy conocida 'Goku: Midnight Eye', un oscuro thriller futurista en el que no faltarán las escenas de alto contenido erótico, las dosis de violencia explícita ni la ambientación oscura y decadente. El escenario, situado en un Tokyo hipertecnificado y en el que los implantes cibernéticos están a la orden del día, no deja de ser el de tantas otras producciones que surgieron durante la explosión del género cyberpunk a finales de los 80 y principios de los 90, solo que teñido de un grado extra de socarronería que hace que el mediometraje, el cual no llega ni a la hora de duración, destaque gracias a su indudable magnetismo. Buena parte de culpa recae en nuestro protagonista, un expolicía metido a detective privado llamado Goku (sin ser él saiyajin ni ná) que desprende carisma por cada poro de su piel. Pelazo, americana y corbata. Pero sin camisa. Luciendo pechamen bajo la luz de la luna. Puro estilo.

Con ese panorama no cabe duda de que estamos ante una obra llena de excesos, pero lo cierto es que todos ellos tienen su razón de ser y contribuyen, de una u otra manera, a dar un contexto a su propio universo. Ese mismo desdén por las normas que presenta Goku explica por qué ya no continúa en el cuerpo, mientras que sus valores hacen que siga preocupándose por sus excompañeros y que, en consecuencia, acabe involucrado en la investigación de los asesinatos de varios de ellos. Una historia turbia, desoladora e incluso nihilista en su forma de reflejar el infinito bucle de codicia —aquí representada en los dueños de las megacorporaciones que dominan la ciudad— a la que la humanidad parece condenada, pero también realmente disfrutable gracias al atractivo que destilan tanto su protagonista como, por supuesto, su fantástica ambientación cyberpunk. Pequeño placer culpable para amantes de las luces de neón, las distopías retrofuturistas y los justicieros seductores que no creen en las camisas.

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