Críticas de Charada
Charles Lampert, buscado por el gobierno de los Estados Unidos bajo la acusacion de haberse apoderado de un cuarto de millón de dólares en oro del fondo federal suma entregada a Charles y a cuatro compañeros de armas de éste, durante la guerra, para ayudar a la Resistencia francesa es asesinado cuando viajaba en tren en las proximidades de Burdeos. La esposa de Lampert -Regine- es sometida a vigilancia en Paris no solo por miembros de la embajada americana, sino por los individuos a los que Charles defraudó y que acusan a Regine de ocultar el dinero. Pero Regine es ajena, al parecer, a toda la maniobra montada por su difunto esposo.
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“Charada” es, sin ningún tipo de duda, uno de los grandes clásicos de Stanley Donen, una obra inmensa, sofisticadísima, encantadora, brillante hasta el extremo, que parece concentrar en sí misma todo lo que el cine puede ofrecer: elegancia, humor, misterio, romanticismo, inteligencia y un encanto absolutamente irresistible, inagotable, hipnótico. En 1963, Donen estaba en la cima absoluta de su talento, en un estado de gracia casi milagroso, dominando el ritmo con una ligereza pasmosa, con una naturalidad insultante, como si dirigiera un baile invisible entre géneros. Y es que aquí todo fluye con una facilidad extraordinaria, casi mágica: la comedia más brillante, más chispeante, más ingeniosa (c on momentos tan inolvidables, tan deliciosos, tan icónicos como el baile con la naranja o esa ducha completamente vestido de Cary Grant ) convive con un misterio fascinante, envolvente, lleno de giros, de identidades cambiantes, de sospechas constantes.
Pero si hay algo que eleva “Charada” a la categoría de obra maestra absolutamente inolvidable es el encuentro irrepetible entre Audrey Hepburn y Cary Grant. Es difícil, casi imposible, expresar con palabras la química que desprenden: es inmediata, vibrante, juguetona, sofisticada, magnética, absolutamente fascinante. Hepburn, con su rostro luminoso, delicado, expresivo, con su sonrisa traviesa, encantadora, casi pícara, y ese aire entre inocente y seductor, se mueve con una gracia hipnótica, etérea, inolvidable; Grant, por su parte, despliega un carisma inagotable, elegante, irónico, alternando identidades con una soltura deslumbrante, con una seguridad casi burlona. Juntos forman uno de los dúos más irresistibles, más legendarios, más perfectos de la historia del cine. Hay en ellos algo eléctrico, algo inexplicable, algo que va mucho más allá del guion: una complicidad natural, orgánica, que convierte cada diálogo en un pequeño milagro. Sus intercambios son pura música, pura inteligencia, pura seducción, pura magia.
Y qué decir de esos diálogos… brillantes, afilados, elegantes, rápidos, deliciosos, absolutamente memorables. Cada réplica llega en el momento exacto, con una precisión milimétrica, casi coreográfica. Es un cine que confía en la palabra tanto como en la imagen, y ambas se elevan mutuamente en un equilibrio perfecto, exquisito, admirable.
La dirección de Donen no se limita a capturar un París de postal (aunque lo hace de forma sublime, bellísima, casi soñada, entre los paseos por el Sena, los mercados y el patio del Palais-Royal), sino que convierte la ciudad en un escenario vivo, elegante, sofisticado, lleno de secretos, de sombras, de encanto. Y en medio de todo ello, planea constantemente la sombra de Alfred Hitchcock. El homenaje es evidente, constante, delicioso: el juego de identidades, el suspense impecable, envolvente, que no da tregua, el uso del engaño como motor narrativo… todo remite al maestro, pero filtrado por una ligereza, una ironía y un sentido del humor que hacen que “Charada” tenga una personalidad absolutamente única. Es como si Donen tomara el universo hitchcockiano y lo hiciera bailar con una elegancia deslumbrante.
La historia, con ese botín perdido, esos personajes ambiguos, fascinantes, imprevisibles, y esa sensación constante de que nadie es quien dice ser, juega con el espectador de manera brillante, juguetona, inteligente. Las falsas pistas se multiplican, los giros se encadenan, y uno se deja llevar con una sonrisa permanente, disfrutando tanto del desconcierto como del espectáculo, del misterio como del encanto.
A todo esto se suma la música inolvidable de Henry Mancini, que envuelve la película en una atmósfera única, y unos títulos de crédito absolutamente refinados y llenos de estilo. Y, por supuesto, el vestuario icónico, legendario, inolvidable de Hepburn, diseñado por Hubert de Givenchy, que convierte cada aparición en un momento de pura elegancia, de pura historia del cine.
“Charada” es también una película sobre el juego, sobre las máscaras, sobre la imposibilidad de conocer del todo a los demás, sobre el misterio constante de la identidad, sobre la fascinación por el engaño… pero todo ello envuelto en una ligereza encantadora, irresistible, que la hace aún más especial.
No es extraño que haya dejado una huella profunda, duradera, casi imborrable en el cine posterior, inspirando a cineastas como Garry Marshall en películas tan emblemáticas como "Pretty Woman", donde también encontramos ese aire sofisticado, ese romanticismo elegante Y sin embargo, hay algo en “Charada” que sigue siendo absolutamente único, inimitable, irrepetible: una magia especial, un brillo propio, una chispa que ninguna otra película ha logrado reproducir del todo.
Quizá por eso sigue siendo un pequeño tesoro, una joya luminosa, un placer inmenso, casi íntimo, para los cinéfilos. Una película que se disfruta con una sonrisa constante, que atrapa, que envuelve, que enamora profundamente. Una comedia policíaca deliciosa, romántica, sofisticada, brillante, divertida, inteligente, encantadora, que reúne a dos leyendas eternas del cine hollywoodense en estado de gracia absoluto.
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- La búsqueda de la fortuna
Nada más comenzar, se va a presentar un problema, e iremos conociendo poco a poco a los protagonistas. Tras esa pequeña parte, empieza a carburar y a presentarnos más posibilidades en la historia. Y aquí con el desarrollo, empieza lo "bueno", hace que quieras saber más y con unos continuos giros que no sabes ni por donde te vienen, hace que hagas tus continuas cabalas sobre como podría ir todo. Y junto con el desarrollo, viene también un último tramo final fantástico, en el que el nivel se mantiene e incluso se supera, con momentos de tensión y con más situaciones imprevisibles.
Cuenta con un buen ritmo, se hace bastante entretenida, con diálogos destacados y con un humor característico.
La pega que le veo sería, el romance tan rápido de la chica con él, y que pese a que le iba engañando seguía tan enamorada e incluso cada vez más.
Que decir de las actuaciones, un formidable Cary Grant. una siempre bella y estupenda Audrey Hepburn y me ha gustado haber visto por aquí a James Coburn.
Recomendable! :)
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Audrey Hepburn y Cary Grant están fantásticos (ella, vulnerable; él, misterioso). Aportan un toque cómico sutil y la elegancia que va unida a sus nombres.
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Mi Opinión / Critica de Charada
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