Ver una película de Meg Ryan hecha en el siglo XXI hace que, inevitablemente, adquiera más interés la figura de la otrora "novia de América" que el argumento del film. Meg Ryan se ha convertido en la "ex" de América, esa ex excéntrica a la que ves llegar a los eventos sociales ineludibles y sales disparado hacia cualquier otro lado. Es una pena, porque era tan sencillo como asumir que no se tienen 30 años siempre, tirar de su encanto, que siempre fue más importante que su belleza y demostrar su solvencia como actriz. Pero no toda la culpa es de ella, sino también de una industria, reflejo de una sociedad que no perdona la madurez en la mujer. Ah, la película una chorrada para muy fans de este tipo de películas.
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