Críticas de El último vikingo
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Anker sale de prisión tras cumplir una condena de quince años por robo. El dinero del atraco fue enterrado por su hermano Manfred. Solo él sabe dónde está. Por desgracia, desde entonces Manfred ha desarrollado un trastorno mental que le ha hecho olvidarlo todo. Juntos, los hermanos emprenden un viaje inesperado para encontrar el dinero y descubrir quiénes son en realidad.
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7 / 10
El último vikingo, la nueva película de Anders Thomas Jensen, vuelve a mezclar humor negrísimo, personajes excéntricos y un trasfondo dramático que acaba teniendo más peso del que podría parecer al principio. No llega al nivel de Jinetes de la justicia, pero deja unos cuantos momentos muy divertidos y otros más drmáticos.
La historia sigue a dos hermanos, Anker y Manfred/John. El primero (Nikolaj Lie Kaas) es un atracador que, justo antes de ser detenido por la policía, le pide a su hermano con problemas mentales (Mads Mikkelsen) que esconda el botín en la antigua casa familiar que tienen en el bosque mientras cumple condena. Más de una década después sale de prisión dispuesto a recuperar el dinero, pero se encuentra con un pequeño problema: su hermano ahora cree que es John Lennon. Para intentar averiguar dónde está escondido el botín, Anker se alía con un supuesto psiquiatra y reúne a un grupo de personas que también creen ser miembros de los Beatles, montando una terapia improvisada en mitad del bosque que acaba siendo un auténtico disparate.
Lo mejor de la película son precisamente esos personajes tan excéntricos y sus diálogos. El humor es muy escandinavo: seco, lleno de silencios incómodos y completamente absurdo en algunos momentos, alternando situaciones ridículas con otras más dramáticas. No es una comedia de carcajada constante, pero sí tiene buenos puntos, como cuando cada vez que alguien llama "Manfred" a John y este intenta tirarse por la ventana, por un terraplén, el coche o de donde pille, es imposible no reírse aunque la cosa sea más seria de lo que parece.
Como digo, no me ha parecido tan redonda como Jinetes de la justicia, pero mantiene ese estilo de Anders Thomas Jensen de personajes rotos, humor muy negro y una reflexión sobre la familia, los traumas y cómo la infancia acaba condicionando buena parte de nuestra vida.
La historia sigue a dos hermanos, Anker y Manfred/John. El primero (Nikolaj Lie Kaas) es un atracador que, justo antes de ser detenido por la policía, le pide a su hermano con problemas mentales (Mads Mikkelsen) que esconda el botín en la antigua casa familiar que tienen en el bosque mientras cumple condena. Más de una década después sale de prisión dispuesto a recuperar el dinero, pero se encuentra con un pequeño problema: su hermano ahora cree que es John Lennon. Para intentar averiguar dónde está escondido el botín, Anker se alía con un supuesto psiquiatra y reúne a un grupo de personas que también creen ser miembros de los Beatles, montando una terapia improvisada en mitad del bosque que acaba siendo un auténtico disparate.
Lo mejor de la película son precisamente esos personajes tan excéntricos y sus diálogos. El humor es muy escandinavo: seco, lleno de silencios incómodos y completamente absurdo en algunos momentos, alternando situaciones ridículas con otras más dramáticas. No es una comedia de carcajada constante, pero sí tiene buenos puntos, como cuando cada vez que alguien llama "Manfred" a John y este intenta tirarse por la ventana, por un terraplén, el coche o de donde pille, es imposible no reírse aunque la cosa sea más seria de lo que parece.
Como digo, no me ha parecido tan redonda como Jinetes de la justicia, pero mantiene ese estilo de Anders Thomas Jensen de personajes rotos, humor muy negro y una reflexión sobre la familia, los traumas y cómo la infancia acaba condicionando buena parte de nuestra vida.
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7 / 10
El último vikingo, la nueva película de Anders Thomas Jensen, vuelve a mezclar humor negrísimo, personajes excéntricos y un trasfondo dramático que acaba teniendo más peso del que podría parecer al principio. No llega al nivel de Jinetes de la justicia, pero deja unos cuantos momentos muy divertidos y otros más drmáticos.
La historia sigue a dos hermanos, Anker y Manfred/John. El primero (Nikolaj Lie Kaas) es un atracador que, justo antes de ser detenido por la policía, le pide a su hermano con problemas mentales (Mads Mikkelsen) que esconda el botín en la antigua casa familiar que tienen en el bosque mientras cumple condena. Más de una década después sale de prisión dispuesto a recuperar el dinero, pero se encuentra con un pequeño problema: su hermano ahora cree que es John Lennon. Para intentar averiguar dónde está escondido el botín, Anker se alía con un supuesto psiquiatra y reúne a un grupo de personas que también creen ser miembros de los Beatles, montando una terapia improvisada en mitad del bosque que acaba siendo un auténtico disparate.
Lo mejor de la película son precisamente esos personajes tan excéntricos y sus diálogos. El humor es muy escandinavo: seco, lleno de silencios incómodos y completamente absurdo en algunos momentos, alternando situaciones ridículas con otras más dramáticas. No es una comedia de carcajada constante, pero sí tiene buenos puntos, como cuando cada vez que alguien llama "Manfred" a John y este intenta tirarse por la ventana, por un terraplén, el coche o de donde pille, es imposible no reírse aunque la cosa sea más seria de lo que parece.
Como digo, no me ha parecido tan redonda como Jinetes de la justicia, pero mantiene ese estilo de Anders Thomas Jensen de personajes rotos, humor muy negro y una reflexión sobre la familia, los traumas y cómo la infancia acaba condicionando buena parte de nuestra vida.
La historia sigue a dos hermanos, Anker y Manfred/John. El primero (Nikolaj Lie Kaas) es un atracador que, justo antes de ser detenido por la policía, le pide a su hermano con problemas mentales (Mads Mikkelsen) que esconda el botín en la antigua casa familiar que tienen en el bosque mientras cumple condena. Más de una década después sale de prisión dispuesto a recuperar el dinero, pero se encuentra con un pequeño problema: su hermano ahora cree que es John Lennon. Para intentar averiguar dónde está escondido el botín, Anker se alía con un supuesto psiquiatra y reúne a un grupo de personas que también creen ser miembros de los Beatles, montando una terapia improvisada en mitad del bosque que acaba siendo un auténtico disparate.
Lo mejor de la película son precisamente esos personajes tan excéntricos y sus diálogos. El humor es muy escandinavo: seco, lleno de silencios incómodos y completamente absurdo en algunos momentos, alternando situaciones ridículas con otras más dramáticas. No es una comedia de carcajada constante, pero sí tiene buenos puntos, como cuando cada vez que alguien llama "Manfred" a John y este intenta tirarse por la ventana, por un terraplén, el coche o de donde pille, es imposible no reírse aunque la cosa sea más seria de lo que parece.
Como digo, no me ha parecido tan redonda como Jinetes de la justicia, pero mantiene ese estilo de Anders Thomas Jensen de personajes rotos, humor muy negro y una reflexión sobre la familia, los traumas y cómo la infancia acaba condicionando buena parte de nuestra vida.
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