Así como hay caminos que no se pueden desandar, hay puentes por los que nunca, por doloroso que resulte, seremos capaces de regresar. Puentes a destinos nunca antes imaginados y, como en el caso de 'Un puente hacia Terabithia', con el suficiente poder como para haber marcado a toda una generación que, en cierto modo, vio como sus últimos retazos de inocencia se perdían en el olvido. Ese necesario —y, a veces, amargo— paso hacia la adultez que Gábor Csupó, adaptando la novela homónima de Katherine Paterson, capturaba a través de los ojos de Jess y Leslie, dos niños sin amigos cuya complicada realidad, en parte acechada por la sombra del acoso escolar, les llevará a convertir un bosque cercano en la deslumbrante Terabithia, un mágico lugar de fantasía donde jugar a ser regentes, vivir aventuras y combatir monstruos. Donde, en definitiva, poder escapar de la crueldad del mundo y disfrutar de esa infancia que, por momentos, parece desvanecerse de sus vidas. La imaginación entendida como herramienta de evasión y, por encima de todo, refugio del alma.
Curiosamente, y en contra de lo que pudiera parecer, no estamos ante un épico relato de fantasía como tal, sino más bien ante una creativa exploración de la amistad, las inseguridades y el sufrimiento adolescente. Al fin y al cabo, Terabithia no deja de ser más que un reflejo luminoso del mundo real en el que nuestros protagonistas, proyectando sus propios miedos bajo la forma de seres imaginarios, son capaces de enfrentarse a ellos, crecer como personas y avanzar en su particular viaje hacia la madurez. Un proceso a menudo difícil que la película, a medio camino entre el cine juvenil más entrañable y el drama más desgarrador, aprovecha para regalarnos una emotiva historia sobre los conflictos paternofiliales, el bullying y la enorme importancia de la imaginación —así como la necesidad de no dejarse atrapar por ella— en el desarrollo emocional de los niños. Sobre todos esos puentes, ya sean metafóricos o ficticios, que nos llevaron, con tanto dolor como esperanza, a ser quienes somos ahora.
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