En una época en el que muchas películas míticas de las décadas de los ochenta / noventa estaban volviendo a la gran pantalla había un personaje que pedía a gritos su vuelta y ese no es otro que Rocky Balboa, la forma en la que terminó la saga con la quinta película del púgil no agradó a la gran mayoría de espectadores (en el que yo mi incluyo), un Rocky Balboa peleando fuera del ring no era forma de terminar una saga que ha sido mítica. Sylvester Stallone ha declarado en infinidad de ocasiones que esa quinta película le avergüenza, no es para tanto, no es un bodrio, pero no era el final que Rocky se merecía. Afortunadamente años después la vuelta de Rocky Balboa se hizo realidad, pero claro los años pasan... ya no es un Rocky Balboa joven que puede disputar el título mundial a cualquiera, ahora es un tipo retirado del boxeo y que regenta un restaurante italiano adornado de infinidad de fotos de recuerdos de sus años en el boxeo donde la gente va especialmente para oírle contar anécdotas de su vida en el ring. Su vida ha cambiado radicalmente, ya no tiene a su lado a Adrian, su gran amor y en este punto es donde la película toma un tono más dramático, volviendo a los orígenes, me recuerda mucho al tono que tenía la primera película de la saga, porque Rocky Balboa sigue viviendo en aquel barrio obrero de Filadelfia y sigue teniendo a su lado a Paulie, su cuñado y amigo.
Sylvester Stallone hace un tres por uno, protagonista de la película, en la dirección y también en el guion consiguiendo que el espectador creyera que un boxeador de sesenta años pudiera ganar un combate contra el campeón del mundo del momento en un combate de exhibición en Las Vegas. También consigue que el espectador se traslade a lo que fue la película de 1976 con un tono sucio, melancólico y con mucho dramatismo, especialmente en la vida de Rocky, demasiados cambios en su vida, y todo eso lo tiene dentro con un dolor inmenso que necesita sacar.
El diálogo con su hijo Robert, con el que está algo distanciado es brutal, es el punto de inflexión de la película, hay una frase en ese diálogo que cae como un crochet en pleno mentón.
El rival de Rocky en esta ocasión es un campeón del mundo que es muy criticado por su forma aburrida de afrontar los combates, un boxeador sin carisma que busca y necesita un combate para ganare al público, y en esas y gracias a una simulación de un programa de boxeo en el que enfrentan a él y a Rocky se genera todo. .
El combate final no quiere ser épico, quiere llevar al espectador a la nostalgia de tiempos pasados y lo consigue con creces, pero sí muestra el contraste entre el boxeo actual, frío, estadístico y mediático contra el boxeo de la vieja escuela, mayor entrega y resistencia.
Pero la película no es perfecta, tiene algunos puntos que no los termino de encajar, como la relación con Marie, una vieja amiga del barrio, o la forma un poco forzada de hacer ese combate de exhibición, por todo lo demás pocas pegas se pueden poner a la vuelta de Rocky Balboa al ring.
Por supuesto, las interpretaciones de Sylvester Stallone y Burt Young son las que más llegan al espectador, siendo las demás bastante interesantes y acorde al largometraje.
Ahora sí, ahora por fin Rocky tienen el final que se merece, dentro del ring, un final que se ha hecho esperar, pero que la espera ha merecido y mucho la pena, y no se queda solo en ponerle el broche final a un personaje mítico, es mostrar al espectador sobre como envejecer con dignidad.
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